La diferencia entre un corazón que sigue latiendo y uno que se apaga

Por: Karina Herrera V.

En México nacen miles de niños al año con cardiopatías congénitas. La mayoría son operables. El obstáculo casi nunca es médico: es la espera, el quirófano sin equipo, el instrumental obsoleto. Una alianza entre Kardias y Promotora Social México acaba de cambiar esa ecuación para 800 familias en el Instituto Nacional de Pediatría.

Cuando se habla de cirugías pediátricas del corazón, la cultura popular suele pensar en el momento de mayor tensión: el silencio sepulcral del quirófano, las luces blancas, las manos del cirujano y el monitor que, de pronto, vuelve a emitir un latido constante. Es una narrativa hermosa, pero incompleta donde se esconde una de las injusticias de los sistemas de salud en América Latina.

Para las familias que no cuentan con recursos económicos, el diagnóstico de una cardiopatía congénita llega con el golpe emocional del miedo a la pérdida, y también con la sentencia de la escasez. Cuando la infraestructura falta, cuando el instrumental es obsoleto o cuando las listas de espera se extienden indefinidamente, el tiempo se convierte en un lujo que los más vulnerables no pueden pagar. Estar desahuciado en nuestro contexto, muchas veces, es un diagnóstico socioeconómico antes que médico.

La diferencia entre un corazón que sigue latiendo y uno que se apaga no siempre radica en la habilidad del cuerpo médico, sino en condiciones estructurales que permanecen fuera de la conversación pública: la capacidad instalada de un hospital, la disponibilidad de tecnología y el financiamiento.

Las soluciones, frente a este panorama, ya no pueden ser individuales. Financiar una cirugía aislada no resuelve nada si el quirófano donde se va a realizar no tiene las herramientas para sostenerla.

Durante el recorrido por el Centro Pediátrico del Corazón ABC Kardias, esta idea se confirma. Detrás de las puertas de los quirófanos, entre monitores, equipos especializados e instrumental de alta precisión, una cirugía exitosa depende de años de construcción institucional, inversión sostenida y coordinación entre múltiples actores, mucho más que del momento en que un médico toma un bisturí.

Bajo esta lógica de transformación sistémica opera la reciente colaboración entre Kardias y Promotora Social México. En lugar de limitarse al asistencialismo tradicional, esta alianza entendió que fortalecer las capacidades del ecosistema es la única vía para democratizar la salud de alta especialidad.

Por un lado, la iniciativa permitió desahogar el saturado sistema público al canalizar y apoyar procedimientos quirúrgicos en el Centro Pediátrico del Corazón ABC Kardias, reduciendo drásticamente los tiempos de espera donde cada día cuenta. Por el otro, en el movimiento más estratégico del proyecto, se adquirió instrumental especializado para el quirófano de la División de Cirugía Cardiovascular del Instituto Nacional de Pediatría.

Este último transforma la infraestructura a largo plazo. Esas herramientas específicas serán utilizadas durante los próximos seis años, permitiendo la realización de cerca de 800 procedimientos públicos. No son solo metales quirúrgicos, son 800 oportunidades de vida. Son 800 familias que no tendrán que escuchar un “no se puede” debido a la falta de equipo.

Cuando una organización de impacto social devela una placa de agradecimiento, el significado trasciende el acto simbólico de la fotografía corporativa. Lo que permanece es la capacidad instalada, la infraestructura que se queda en el hospital público para abrir puertas cuando el panorama parece cerrado.

La salud es un derecho humano, pero un derecho no es real sin las condiciones materiales para ejercerlo. Requiere instituciones sólidas, recursos suficientes y la decisión colectiva de entender que el dolor de una familia que espera no es un problema privado: es un espejo de nuestras deudas como sociedad.

Las transformaciones más importantes de la filantropía y de la medicina casi nunca se ven de inmediato. Actúan en la raíz, en silencio, y permiten que un quirófano esté listo cuando un niño más lo necesita.

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