La discusión no debería centrarse solo en reconocer el esfuerzo docente, sino en preguntarnos qué tipo de sistema educativo estamos construyendo.
Por Katia Carranza
Coordinadora de Evidencia de Impacto Sistémico
Es lunes por la mañana y una maestra de primaria abre la puerta de su salón. Antes de la primera clase ya resolvió tres cosas que no aparecen en ningún plan de estudios: consoló a un niño que llegó sin desayunar, escuchó a una madre preocupada, y reacomodó su clase porque falta el maestro del grupo de al lado. La jornada pedagógica todavía no empieza, pero el trabajo, hace rato que sí.
Esa escena, repetida cada día en miles de escuelas, dice algo que las cifras a veces no alcanzan a mostrar: enseñar en México es, antes que nada, sostener.
Cada año, el Día del Maestro suele centrarse en el reconocimiento y la celebración de quienes nos acompañan en nuestro proceso de aprendizaje. Sin embargo, hablar hoy de la tarea docente en México exige ir más allá del agradecimiento simbólico. Implica preguntarnos, con honestidad, qué condiciones enfrenta actualmente el personal docente y qué nos dice eso sobre el sistema educativo que hemos construido.
Durante el webinar “La tarea docente frente a los desafíos educativos actuales”, organizado por Promotora Social México y presentado por David Calderón, Presidente de Aprender Primero, surgió una reflexión particularmente potente. Muchas maestras y maestros viven hoy una tensión constante entre “administrar el miedo” o “impulsar el sueño”. La frase no alude únicamente a la dimensión emocional de la docencia. Describe, en realidad, una condición estructural del sistema educativo mexicano.
Por un lado, las escuelas intentan contener múltiples expresiones de incertidumbre social: violencia, fragilidad socioemocional, desigualdad, rezagos acumulados y precariedad institucional. Por otro, siguen siendo uno de los pocos espacios desde donde todavía es posible construir horizontes de futuro para millones de niñas, niños y jóvenes.
Esa tensión ayuda a comprender por qué la conversación sobre educación no puede limitarse únicamente a resultados de aprendizaje, cobertura o desempeño académico. La experiencia cotidiana de las escuelas muestra que aprender en México implica enfrentar desafíos mucho más amplios que los que tradicionalmente reconoce la política educativa.
Sabemos que las trayectorias educativas se ven afectadas por factores profundamente interrelacionados. Entre ellos, la exclusión temprana en la primera infancia, los rezagos en aprendizajes fundamentales, las condiciones desiguales para la enseñanza, la fragilidad en la permanencia escolar y una débil capacidad social para sostener políticas educativas de largo plazo. En este contexto, el aula no funciona aislada de la realidad social. Lo que ocurre fuera de la escuela entra todos los días a ella.
La evidencia presentada en el webinar ilustra con claridad esta situación. México es uno de los sistemas educativos más grandes del mundo, con más de 32 millones de estudiantes y más de dos millones de figuras docentes. Pero la magnitud del sistema no necesariamente se traduce en condiciones adecuadas para aprender. México es también uno de los países donde más estudiantes reportan sentirse inseguros en el entorno y el trayecto que rodea a la escuela.
Esta realidad modifica profundamente el papel de la escuela. En muchos contextos, los planteles se han convertido en espacios de contención emocional, protección cotidiana y construcción de vínculos comunitarios frente a entornos crecientemente fragmentados.
Sin embargo, el sistema educativo continúa operando, en gran medida, bajo estructuras diseñadas para una realidad distinta. Persisten modelos burocráticos y administrativos que siguen entendiendo la docencia principalmente como cumplimiento curricular, sin reconocer plenamente la complejidad humana y social que hoy atraviesa el trabajo educativo.
Los datos permiten observar esta contradicción con mayor claridad. Mientras se exige a las escuelas responder a problemáticas cada vez más complejas, las condiciones estructurales para hacerlo siguen siendo profundamente limitadas. Cerca de una de cada cinco escuelas de educación básica no cuenta con agua potable (CONEVAL, 2024). El 44.1% de las directoras y directores atienden simultáneamente un grupo (CONEVAL, 2024). Y el presupuesto estimado para formación continua equivale apenas a poco más de cien pesos anuales por docente (Mexicanos Primero, 2025).
En paralelo, los rezagos de aprendizaje continúan profundizándose. La evaluación diagnóstica nacional muestra que una proporción importante del alumnado requiere atención prioritaria en lectura y matemáticas desde los primeros años de primaria (Mejoredu, 2023). Estos rezagos no son únicamente un problema pedagógico. Son también el resultado acumulado de desigualdades sociales, territoriales e institucionales que el sistema no ha logrado compensar oportunamente.
Aquí aparece uno de los principales riesgos para la discusión pública sobre educación: responsabilizar exclusivamente a las y los docentes por problemas que son sistémicos. Esa lógica simplifica el problema y, además, invisibiliza algo fundamental. Muchas maestras y maestros sostienen cotidianamente al sistema educativo a pesar de las condiciones estructurales, no gracias a ellas.
En el webinar también se planteó una crítica importante a la manera en que históricamente se ha organizado la profesión docente en México. La escuela suele funcionar desde el aislamiento: cada docente encerrado en su salón, enfrentando en solitario problemas complejos y cambiantes. Esta fragmentación dificulta el aprendizaje colectivo, debilita el acompañamiento profesional y aumenta el desgaste emocional.
Por ello, es indispensable fortalecer el bienestar, la dignidad profesional y la capacidad pedagógica del personal docente. No se trata únicamente de ofrecer más capacitaciones o herramientas aisladas, sino de construir condiciones sistémicas que permitan sostener la práctica docente en el tiempo. Esto implica reconocer que el fortalecimiento docente no depende solamente del esfuerzo individual. Requiere tiempo para el trabajo colaborativo, claridad institucional, autonomía profesional, redes de acompañamiento y espacios donde maestras y maestros puedan aprender juntos y compartir experiencias. Donde estas condiciones existen, la diferencia se nota: la práctica docente se vuelve más sostenible, el desgaste disminuye y la escuela recupera su capacidad de enseñar. También implica asumir que el bienestar emocional del personal educativo no es un tema secundario, sino una condición necesaria para que existan procesos de aprendizaje significativos.
Pensar la educación desde una lógica de cambio sistémico obliga justamente a mirar estas interdependencias. Los aprendizajes, la permanencia escolar, el bienestar socioemocional y las condiciones de enseñanza no funcionan como problemas separados. Forman parte de una misma estructura.
Por eso, fortalecer a las y los docentes no puede entenderse únicamente como una agenda laboral o administrativa. Es una condición estratégica para garantizar trayectorias educativas más equitativas y sostenibles.
Vale la pena decirlo con claridad: este no es un horizonte abstracto. En distintas escuelas y colectivos docentes del país ya existen experiencias donde la enseñanza se ejerce de manera acompañada, con trabajo entre pares y comunidades educativas que sostienen colectivamente lo que antes recaía en una sola persona. Son aún la excepción, pero muestran que otra forma de ejercer la docencia es posible, y que no depende de la voluntad individual sino de las condiciones que decidamos construir.
Tal vez ahí radica una de las reflexiones más importantes para este Día del Maestro. La discusión no debería centrarse solamente en reconocer su esfuerzo individual, sino en preguntarnos qué tipo de sistema educativo estamos construyendo, y cuánto de ese sistema depende todavía de que alguien sostenga, casi en solitario, lo que estructuralmente no estamos resolviendo como sociedad.
Mientras la escuela siga funcionando principalmente a partir del sacrificio individual de maestras y maestros, el sistema seguirá operando desde la contención y la reacción. Pero esa no es la única ruta posible. El día en que enseñar deje de depender del sacrificio en solitario y empiece a sostenerse en condiciones dignas, redes de acompañamiento y decisiones de largo plazo, la escuela podrá ser, por fin, el espacio de esperanza, aprendizaje y construcción de futuro que millones de estudiantes necesitan.
Ese es el reconocimiento que la fecha merece: no solo agradecer a quienes sostienen el sistema, sino comprometernos a construir el sistema que ellas y ellos merecen.
Consulta el webinar completo en: https://youtu.be/UDfHfueUzuc
Fuentes:
Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación. (Mejoredu). (2024). Indicadores nacionales de la Mejora Continua de la Educación en México. Cifras de los ciclos escolares 2018-2019 a 2022-2023. Mejoredu. indicadores-nacionales-2024.pdf
(2023c). Evaluación diagnóstica del aprendizaje de las y los alumnos de educación básica 2022-2023. Informe de resultados.
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). (2024). Estudio Diagnóstico del Derecho a la Educación 2024. https://www.coneval.org.mx/EvaluacionDS/PP/CEIPP/IEPSM/Documents/Derechos_Sociales_2024/EDDE_2024_IF.pdf
Mexicanos Primero. (2025b). “El presupuesto educativo aprobado por la Cámara de Diputados no fortalece la formación docente ni el aprendizaje” [Comunicado de prensa]. Mexicanos Primero.




