La carga invisible de la maternidad

Cuidar la salud mental de las madres no es solo una conversación íntima. Es también una conversación sobre el tipo de sociedad que queremos construir. 

Por María José Molina Sieiro 
Oficial de Inversión Social 

Hay una hora, casi siempre la del baño antes de dormir, en que una madre repasa mentalmente la lista del día siguiente. La junta de la mañana, el almuerzo del niño, la cita con el pediatra, la fiebre que tal vez vuelva, la conversación pendiente con la pareja. La hace mientras enjuaga el shampoo. No la anota. Nadie le pidió que la hiciera. Y al día siguiente, casi todo en esa lista se va a cumplir. 

Ese inventario silencioso, hecho mientras se hacen otras cosas, es una de las formas más nítidas de la carga que define la maternidad contemporánea. No aparece en los recibos de nómina ni en las encuestas de uso del tiempo. Pero ocupa un lugar en la cabeza que no se libera ni de noche. 

Hablar de salud mental materna es, en buena medida, hablar de eso. De lo que no se ve. Y también de algo igual de importante. Cuidar a las madres no depende solo de su fuerza individual ni de la suerte de tener una buena red. Depende, también, de las condiciones que como sociedad decidimos construir alrededor de ellas. 

La maternidad trae mucho amor, pero también trae dudas, culpas, cansancio y partes de nosotras que no sabíamos que estaban ahí. Nuestros hijos son nuestros mejores maestros, el espejo más honesto. Nos enfrentan con nuestras heridas, nuestras inseguridades, nuestra paciencia, nuestros límites, y también con todo aquello que no habíamos querido mirar. 

El primer síntoma se llama culpa 

Cuando hablamos de salud mental en la maternidad, lo primero que se me viene a la cabeza es la culpa. La culpa empieza desde el embarazo. Si te estás cuidando como debe ser, si te estás preparando adecuadamente, si vas a tener parto natural o cesárea, si podrás lactar. Y eso apenas es el embarazo. Luego llega el bebé y la culpa sigue. Por no hacerlo perfecto, por perder la paciencia, por querer estar sola, por extrañar partes de ti que desaparecen, por sentirte sobrepasada cuando, en teoría, deberías sentirte agradecida. 

La maternidad muchas veces se vive con la exigencia de hacerlo todo bien, todo el tiempo, sin romperte. Para las madres que trabajan, se agrega otra capa. Culpa por trabajar demasiado, por no estar, o por sentir que no se trabaja suficiente. Es una contabilidad imposible, donde toda casilla marcada deja otra abierta. Y vale la pena nombrarla por lo que es. No es un defecto personal. Es lo que pasa cuando se pide a las madres sostener mucho con pocos apoyos. Verlo así, como contexto y no como falla, es lo que empieza a aliviarlo. 

Detrás del silencio, las cifras 

Detrás de esa experiencia hay un fenómeno que la salud pública ha empezado a nombrar. La Organización Mundial de la Salud estima que aproximadamente una de cada cinco mujeres en países de ingreso bajo y medio presenta depresión o ansiedad durante el embarazo o después del parto. En México, los estudios disponibles ubican la prevalencia de depresión posparto entre el 13% y el 24%, según la región y el contexto socioeconómico. 

Y no siempre es depresión. A veces es agotamiento. Cansancio que no se quita durmiendo. La sensación de estar funcionando, pero no estar bien. Mil decisiones todos los días que no se ven. Escuela, comida, actividades, sueño, emociones, pareja, casa, trabajo. A veces simplemente estás sobrepasada, y eso también se invisibiliza. Es un problema tratable, y aun así profundamente subdiagnosticado. La buena noticia es que sabemos cómo abordarlo. Hay caminos de detección temprana, acompañamiento profesional y soporte comunitario que han probado funcionar. El reto es que lleguen a más mujeres. 

La presión de hacerlo perfecto 

A esa carga mental se suma la presión de hacerlo todo bien. Vivimos una época de sobreinformación. Leemos y nos cruzamos con miles de conceptos (interacción oportuna, neurodesarrollo, apego seguro, pantallas, colegio correcto, crianza respetuosa) y todo parece urgente y definitivo. Saber, por ejemplo, que cerca del 90% de la arquitectura cerebral se forma antes de los cinco años puede generar una presión enorme de hacerlo todo perfecto. Pero esa presión solo genera más agotamiento. 

La maternidad no exige perfección. Exige presencia. 

El duelo que nadie nombra 

Una de las partes menos habladas de la maternidad es dejar de reconocerte. Cambia tu cuerpo, tus hormonas, tu cerebro, tu relación, tus prioridades. Tus tiempos desaparecen. No es solo cansancio, es un duelo de tu identidad. Hay partes de ti que desaparecen por un tiempo, incluso la versión de ti que conocías. Muchas veces, por amor a los hijos, te dejas al final de la lista. 

Ser mamá no solo implica cuidar a alguien más. Implica volver a conocerte y reinventarte. Te confronta con la mujer que fuiste, con la que creías que serías, y con la que estás intentando construir. Es un tema de cómo te estás viviendo por dentro, y muchas veces se vive en silencio. 

No se puede sola, y está bien que así sea 

Por eso importa tanto vivir una maternidad acompañada. Tener una red de apoyo no es un lujo, es una necesidad. Se necesita pareja, familia, amigas, trabajo. La presencia de la pareja cambia todo. No se trata solo de “ayudar”. La corresponsabilidad reduce carga mental, agotamiento emocional y burnout. En mi caso, mi esposo carga conmigo lo que antes habría cargado sola, y muchas cosas que me devuelven a mí misma, como completar mi maestría, no hubieran sido posibles sin él. Mis papás, con su acompañamiento incondicional, sostienen también lo que no se ve. Y mis amigas son medicina emocional. Sin espacios personales, sin conversaciones honestas con quienes pasan por lo mismo, la salud mental se vuelve mucho más frágil. 

A esa red, la mía, le debo más de lo que cabe en este texto. 

Cada mujer encuentra el formato que le toca. Pero, sea cual sea, lo importante es contar con una comunidad que brinde sostén emocional, validación, descanso y corresponsabilidad. La crianza no puede ser una tarea individual. Se necesita una red, descanso, y permiso para pedir ayuda. Las redes cercanas son insustituibles. La pregunta que sigue es cómo hacer que más mujeres tengan acceso a ellas, y cómo acompañarlas con condiciones a su alrededor. 

Las condiciones también cuidan 

Si la conversación se queda en autocuidado, redes de apoyo y resiliencia, se queda corta. Hay otra parte del cuadro que también importa, y es la que nos toca como sociedad. 

Muchas veces el bienestar de una madre no depende solo de cómo se siente, sino de las condiciones en las que le toca criar. Espacios de trabajo que se adapten a la vida con hijos. Licencias de maternidad y paternidad que permitan acompañar esos primeros meses (en México, la licencia de paternidad es de apenas cinco días hábiles, y ya hay conversaciones serias sobre cómo extenderla). Escuelas que repartan responsabilidades entre madres y padres por igual. Sistemas de cuidados que reconozcan que cuidar es trabajo, y que ese trabajo merece soporte. 

La maternidad no necesita más consejos. Necesita mejores condiciones. Y mejores condiciones se construyen con decisiones concretas. Políticas públicas que acompañen a las familias, licencias parentales más justas, corresponsabilidad en el hogar, una infraestructura de cuidado que no recaiga solo en las mujeres. La salud mental materna se cuida también desde ahí. Desde estructuras que hagan posible descansar, pedir ayuda, y volver a una misma sin sentir que se traiciona a nadie. 

La buena noticia es que esta conversación ya está en marcha. Cada vez más empresas, gobiernos y comunidades están reconociendo que invertir en la salud mental de las madres es invertir en la salud emocional de toda una generación. 

Lo más lindo y también lo más duro 

Me pidieron escribir este artículo por el Día de la Salud Mental Materna desde mi experiencia y, al recapitular todo lo que llevo escrito, podría parecer que la maternidad es solo cansancio, culpa y dificultad. Incluso fue un artículo difícil de escribir, porque me obligó a detenerme y mirar muchas de las situaciones que me retan como mamá y que impactan mi salud mental. Pero sería injusto no decir lo más importante. La maternidad me ha traído lo mejor que tengo, lo que más sentido y felicidad me da en la vida. 

Hay días llenos de amor y propósito, y hay otros agotadores y duros, donde la culpa pesa más que la satisfacción, donde me siento sobrepasada cuando, en teoría, “debería” sentirme feliz. Pero ambas cosas pueden coexistir, porque la maternidad no es solo felicidad ni solo sacrificio. Es amar de una forma que no sabías que era posible, mientras intentas no perderte a ti misma en el proceso. Es lo más lindo y también lo más duro que me ha pasado. 

Quiero aprovechar para honrar a todas las mujeres que lo hacen todos los días. Las que acompañan, trabajan, cuidan, se equivocan, vuelven a empezar y siguen adelante aun estando cansadas. A las que muchas veces sienten que no están haciendo suficiente, cuando lo hacen increíble. Por eso es importante aprender a cuidarnos, a pedir ayuda, y a saber que no es perfecto. Y también es importante seguir construyendo, entre todas y todos, condiciones que hagan posible cuidar y ser cuidada. 

Como mamá, no necesitas hacerlo todo bien. Necesitas estar bien. Y que estar bien sea posible, para ti y para todas las que vienen detrás, es algo que se construye en casa, en comunidad, y también en sociedad. 

 

 

 

Referencias 

Organización Mundial de la Salud. (2022). Guide for integration of perinatal mental health in maternal and child health serviceshttps://www.who.int/publications/i/item/9789240057142 

Alvarado-Esquivel, C., Sifuentes-Álvarez, A., & Salas-Martínez, C. (2023). Depresión posparto: prevalencia y factores de riesgo asociados en una muestra de población mexicana. Ginecología y Obstetricia de México91(4). 

Center on the Developing Child. (s.f.). Brain architecture. Harvard University. https://developingchild.harvard.edu/science/key-concepts/brain-architecture/ 

OCDE. (2025). PF2.1. Parental leave systems. OECD Family Database. https://webfs.oecd.org/els-com/Family_Database/PF2_1_Parental_leave_systems.pdf

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
X
Scroll al inicio