Qué aprendimos en Impact Days 2026 sobre cómo los actores que trabajan territorio sostienen alianzas que producen cambio.
Por Karina Herrera y Cynthia Villafaña
Este artículo recoge reflexiones de la sesión “Más allá de la burbuja: los actores que faltan para escalar”, moderada por Gustavo Payán en Impact Days 2026.
En Impact Days 2026, Pablo Roblero dijo algo que muchos reconocen pero pocos nombran en voz alta. La confianza vale lo que el financiamiento.
Pablo acompaña a 509 productores en 32 comunidades de Motozintla, Chiapas, a través de la Cooperativa SHEVA. Ha visto alianzas que florecen. Ha visto otras que colapsan. De esa observación, su conclusión es directa: el dinero sin relación acumulada se agota cuando termina el ciclo presupuestal. Una relación sin dinero deja algo que perdura. Deja capacidades. Deja formas de pensar. Deja redes.
Durante tres días, actores que trabajan alianzas en territorio contaron cómo construyen relaciones que perduran. El aprendizaje fue consistente. Organizaciones que llevan años en el territorio saben que una buena alianza comienza con confianza acumulada. Luego llega el financiamiento. Luego, los resultados. Pero el orden importa.
Construir antes de firmar
Las alianzas que duran invierten tiempo en conocimiento mutuo antes de firmar convenios. Conversaciones donde se entiende qué motiva a cada actor. Cuáles son sus límites verdaderos. Qué están dispuestos a ceder. Eso toma meses. Parece un lujo cuando los presupuestos son apretados.
Pero es precisamente esa inversión la que decide si una alianza produce impacto o simplemente costo administrativo. Cuando falta esa confianza acumulada, el primer desacuerdo se convierte en un litigio. Las organizaciones gastan energía en protegerse mutuamente en lugar de colaborar.
Reconocer la asimetría
Las mejores alianzas no pretenden igualdad donde no la hay. Todos los actores llegan a la mesa reconociendo algo: quien aporta el capital define metas, tiempos, sistemas de monitoreo. Eso es una realidad. Las organizaciones de base lo saben.
Lo que diferencia una alianza que funciona de una que fracasa es la honestidad sobre esa asimetría. Un socio financiero puede decir: “Necesitamos estos estándares de reporte”. Un socio territorial puede responder: “Esos estándares nos desenfocaban”. Y entonces sucede lo importante: se negocia.
La confianza acumulada permite que esa negociación sea posible. La ausencia de confianza la hace imposible.
Pactar plazos que respeten el territorio
El donante tiene un ciclo fiscal de doce meses. El territorio tiene un tiempo completamente distinto. Un cambio de liderazgo en una comunidad toma años en consolidarse. Una capacidad nueva en una organización pequeña requiere tres años de práctica para ser sólida. La transformación de una dinámica relacional entre actores locales opera en plazos de cinco años, mínimo.
Las alianzas que escalaron en México reconocieron esa brecha. Diferenciaron entre plazos. Proyecto piloto: doce meses. Consolidación: dos años adicionales. Adaptación a contextos: tres años más. Financiamiento acordado en bloques que respetan esa curva. Los resultados llegan más sólidos porque se construyen sobre capacidades que tuvieron tiempo de madurar.
Financiar la función de articulación
Sostener una alianza es trabajo específico. Traducir entre lenguajes institucionales. Anticipar fricciones antes de que se vuelvan rupturas. Mantener informados a todos cuando cambian las circunstancias. Mediar entre interpretaciones distintas del acuerdo.
Las alianzas que perduran financian esa función con claridad. Hay alguien cuyo rol es sostener la conversación. Cuando ese trabajo no está pagado, cuando se asume que “alguien lo hace en los ratos que puede”, la alianza termina por agotamiento de quien intentaba mantenerla.
Cambiar el lenguaje cambia la colaboración
Paula Ramírez de Latimpacto notó algo mientras trabajaba propuestas con el sector público. Cuando Paula hablaba de incidencia, los funcionarios se cerraban. Era alguien de afuera que venía a cambiarles la agenda. Cuando Paula comenzó a hablar de evidencia para la toma de decisiones, las puertas se abrieron.
El contenido era idéntico. Los datos eran los mismos. Lo que cambió fue quién quedaba al centro de la conversación. De la imposición a la colaboración. De la agenda externa a la construcción compartida. El lenguaje revela quién pensamos que manda y a quién le damos el poder de definición.
Lo que está cambiando
Algunas organizaciones y fondos en México experimentan con trust-based philanthropy. En lugar de pedir reportes mensuales detallados, preguntan cada trimestre qué aprendieron y qué necesitan. En lugar de auditar cada línea presupuestal, revisan que la estrategia territorial siga teniendo sentido.
De Impact Days emergió una agenda clara. Redefinir qué es una buena alianza. Incluir gobernanza compartida y transferencia de capacidades desde el inicio. Pactar plazos que dialogen con los tiempos del territorio. Financiar la figura del articulador.
Explorar fondos comunes temáticos donde varios financiadores ponen recursos en una misma bolsa. Con métricas y aprendizaje compartidos. En lugar de convocatorias paralelas que obligan a las organizaciones a competir entre sí.
Ninguna alianza que valga la pena está libre de desacuerdos. La pregunta es qué hay acumulado cuando llegan. Las alianzas que inciden en territorio sobreviven al tercer desacuerdo porque construyeron confianza antes de necesitarla. Porque reconocen la asimetría pero trabajan desde ahí. Porque diseñan plazos que respeten el territorio.
Los resultados se celebran. Los reportes se archivan. Los contextos cambian. Pero las personas que sostienen el trabajo cuando todo lo demás se mueve son las que hacen posible el cambio duradero.
Mira la sesión completa “Más allá de la burbuja: los actores que faltan para escalar” en Impact Days 2026 para escuchar las voces completas de quienes construyen alianzas en territorio.




