Sumar capacidades para construir cambio

Los grandes desafíos sociales rara vez tienen una sola causa y, por lo tanto, difícilmente pueden resolverse desde un solo sector.

La educación, la salud, la infancia, la juventud, la inclusión o el medio ambiente son temas atravesados por múltiples realidades. Cada uno involucra factores económicos, sociales, culturales, tecnológicos e institucionales que se relacionan entre sí.

Por eso, frente a problemas complejos, las buenas intenciones y las soluciones aisladas, aunque valiosas, no siempre son suficientes. Necesitamos algo más: la capacidad de conectar conocimientos, experiencias y recursos para construir respuestas colectivas.

Esta reflexión surgió después de asistir a WIRED Futures 2026, un espacio en el que se abordaron temas como la inteligencia artificial, la creación de contenido, las infancias digitales, la violencia en línea y la relación entre tecnología y sociedad.

Aunque las conversaciones partían de disciplinas y perspectivas distintas, tenían algo en común: evidenciaban desafíos que ningún actor podía resolver por sí solo.

Y de ahí surge una pregunta que trasciende lo discutido en el evento:

¿Qué estamos haciendo con todo lo que ya sabemos y con las capacidades que ya existen?

El reto no siempre es empezar desde cero

Cuando pensamos en resolver una problemática social, es común concentrarnos en aquello que hace falta: recursos, programas, infraestructura, herramientas o conocimiento.

Sin embargo, muchas veces parte de lo que necesitamos ya existe.

Hay organizaciones que llevan años trabajando directamente con las comunidades; especialistas que han desarrollado conocimiento y evidencia; empresas con tecnología e infraestructura; instituciones con capacidad de generar políticas públicas; e iniciativas que han encontrado soluciones a desafíos específicos.

El problema no siempre es la ausencia de capacidades, sino que estas pueden encontrarse dispersas, desconectadas o trabajando de manera paralela.

A veces, el siguiente paso no consiste en crear algo nuevo, sino en conectar mejor lo que ya existe.

Esto no significa que todas las soluciones estén disponibles ni que baste con reunir a distintos actores para resolver un problema. Significa reconocer que podemos avanzar más cuando identificamos lo que otros ya han aprendido, lo que cada uno puede aportar y aquello que todavía necesitamos desarrollar.

Cuando los problemas están conectados, las soluciones también deben estarlo

Una de las conversaciones de WIRED Futures que mejor ejemplifica esta complejidad fue la relacionada con las infancias digitales.

Con frecuencia, cuando hablamos de niñas, niños y tecnología, la discusión se concentra en cuánto tiempo pasan frente a una pantalla o si deberían tener acceso a determinados dispositivos.

Pero la realidad es mucho más amplia.

En los entornos digitales conviven oportunidades de aprendizaje, comunicación y participación con riesgos relacionados con los contenidos, las interacciones, el uso de datos personales y las dinámicas de las plataformas.

Además, no todas las infancias viven la tecnología de la misma manera. Sus experiencias dependen también de su entorno familiar, educativo, económico y social.

Por ello, la respuesta no puede reducirse a permitir o prohibir el uso de dispositivos.

La pregunta tendría que ser: ¿cómo generamos mejores condiciones para que niñas, niños y adolescentes participen en los espacios digitales de manera segura, crítica e incluyente?

Responder requiere capacidades distintas y complementarias.

Las familias pueden acompañar y orientar; las escuelas desarrollar habilidades digitales y pensamiento crítico; las organizaciones sociales aportar experiencia y herramientas especializadas; las empresas tecnológicas asumir su responsabilidad en el diseño de plataformas más seguras; y las instituciones públicas promover marcos de protección adecuados.

También es indispensable escuchar a las propias infancias, porque ninguna solución puede considerarse completa si deja fuera la perspectiva de quienes viven directamente sus consecuencias.

Este ejemplo revela algo que se repite en muchos otros desafíos sociales: las problemáticas no ocurren de manera aislada, aunque con frecuencia intentemos resolverlas por separado.

Una niña no vive independientemente su educación, su salud, su entorno familiar, su acceso a la tecnología y las oportunidades de su comunidad.

De la misma manera, una persona joven no experimenta como realidades independientes el empleo, la vivienda, la movilidad, la educación o la salud.

Todo está relacionado.

Si queremos generar cambios que perduren, nuestras respuestas también necesitan reconocer esas conexiones.

Cuando las capacidades se encuentran

Reconocer la complejidad de un problema es importante, pero no suficiente. El siguiente paso consiste en identificar quiénes pueden contribuir a resolverlo y cómo sus capacidades pueden complementarse.

Una organización de la sociedad civil puede tener conocimiento profundo de una problemática y una relación cercana con las comunidades.

La academia puede aportar investigación y evidencia para comprender sus causas y evaluar alternativas.

Las empresas pueden contribuir con tecnología, innovación, infraestructura y capacidades para ampliar el alcance de determinadas soluciones.

Los gobiernos pueden crear condiciones institucionales, desarrollar políticas públicas y facilitar su implementación.

Los financiadores e inversionistas sociales pueden aportar recursos, acompañamiento y una perspectiva de largo plazo.

Los medios de comunicación y creadores de contenido pueden ampliar conversaciones, acercar conocimiento a nuevas audiencias y contribuir a modificar percepciones.

Y las comunidades aportan algo fundamental: su experiencia, su contexto y el conocimiento de las realidades que viven.

Ninguno de estos actores tiene todas las respuestas. Tampoco deberían tener que construirlas por separado.

Sin embargo, articular no significa reunir organizaciones únicamente para sumar participantes ni pretender que todos trabajen bajo una misma agenda.

Significa identificar puntos de convergencia, reconocer capacidades complementarias y encontrar oportunidades para construir soluciones que respondan a necesidades concretas.

En ocasiones, una organización ya cuenta con una metodología probada, pero necesita aliados para ampliar su alcance. En otras, existe tecnología disponible, pero hace falta comprender mejor las condiciones de las comunidades donde podría implementarse. También puede haber evidencia suficiente sobre una problemática, pero pocos mecanismos para convertir ese conocimiento en acciones.

La articulación permite reconocer esas posibilidades y, sobre todo, identificar aquello que todavía falta.

No se trata de que todos hagan lo mismo, sino de que cada actor pueda aportar desde aquello que conoce y hace mejor.

Del intercambio de ideas a la acción colectiva

Los espacios de encuentro y diálogo son fundamentales para este proceso.

Conferencias, foros y conversaciones entre sectores permiten conocer perspectivas distintas, cuestionar nuestras propias ideas y descubrir iniciativas que quizá desconocíamos.

Pero su verdadero potencial aparece cuando esos encuentros abren la puerta a nuevas formas de colaboración.

Cuando dos organizaciones descubren que están trabajando en diferentes dimensiones de un mismo problema.

Cuando una empresa encuentra una iniciativa social a la que puede aportar tecnología.

Cuando la investigación académica se convierte en una herramienta para mejorar una intervención.

O cuando una comunidad participa en el diseño de una solución que responde a sus necesidades y prioridades.

Es entonces cuando el diálogo puede convertirse en una oportunidad de acción.

Por supuesto, colaborar también implica retos. Requiere construir confianza, reconocer diferencias, establecer objetivos compartidos y asumir responsabilidades. No todas las alianzas funcionan de manera automática ni todas las capacidades son complementarias.

Por eso, articular no es conectar por conectar, sino entender qué necesita resolverse, quién puede contribuir y cómo convertir esa colaboración en resultados.

Esta perspectiva también nos invita a cambiar las preguntas que hacemos frente a los desafíos sociales.

Además de preguntarnos qué podemos hacer, podríamos comenzar a cuestionarnos:

  • ¿Quién más debería participar en esta conversación?
  • ¿Qué capacidades existen que todavía no estamos aprovechando?
  • ¿Quién está trabajando en una parte del problema que podría complementar nuestros esfuerzos?
  • ¿Qué podemos aportar sin intentar reemplazar lo que otro actor sabe hacer mejor?

Son preguntas que ayudan a dejar de colocar a una organización o iniciativa en el centro de la solución para poner ahí a las personas, sus necesidades y las condiciones que queremos transformar.

Articular para construir cambios que perduren

Reconocemos que los grandes desafíos del país requieren la participación de distintos sectores y que ninguna organización puede responder a ellos de manera individual.

Por ello, entendemos la articulación como una parte fundamental de nuestra labor: conectar capacidades, generar espacios de encuentro y construir puentes entre actores que, desde diferentes ámbitos, pueden contribuir a enfrentar los desafíos sociales.

Esta visión implica reconocer el valor del trabajo que otros ya realizan, identificar oportunidades de colaboración y promover que el conocimiento, la experiencia y los recursos disponibles puedan convertirse en acciones concretas.

Porque el cambio sistémico no depende únicamente de contar con buenas soluciones, sino también de generar las condiciones para que estas se complementen, se fortalezcan y puedan sostenerse en el tiempo.

La experiencia de WIRED Futures nos recuerda el valor de abrir conversaciones entre distintas disciplinas. Pero también plantea un desafío que va mucho más allá de cualquier encuentro: cómo logramos que el conocimiento compartido se traduzca en nuevas formas de trabajar juntos.

Quizá no siempre necesitemos comenzar con otra iniciativa, otra herramienta o un nuevo diagnóstico.

En ocasiones, el siguiente paso es mirar a nuestro alrededor, reconocer lo que otros están construyendo y encontrar dónde podemos sumar.

Porque ante problemas complejos, articular capacidades no es un paso adicional: es parte de la solución.

Y quizá una de las preguntas más útiles que podemos hacernos frente a cualquier desafío sea:

¿Qué capacidades tenemos hoy que todavía no hemos conectado?

 

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
X
Scroll al inicio